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Turrón Estilo Suchard Casero

Actualizado: 18 ene

Tiempo de elaboración: 10min

Dificultad: Fácil

1 Tableta


Turrón Suchard Casero

Hay recuerdos que tienen sabor a chocolate y sonido de crujido. Para muchos de nosotros, la llegada de la Navidad no se confirma con el encendido de las luces ni con el primer anuncio de la lotería, sino con el momento en que el primer trozo de turrón de chocolate crujiente llega a la mesa. Es un clásico generacional, un dulce que ha unido a abuelos, padres e hijos en torno a una bandeja. Sin embargo, hay un secreto que pocos conocen: no hace falta bajar al supermercado para disfrutar de este manjar. Preparar tu propio Turrón Suchard casero es una de las experiencias más gratificantes, sencillas y deliciosas que puedes vivir en tu cocina este año.


La nostalgia es un ingrediente poderoso en la repostería. Ese primer bocado nos transporta a las cenas de Nochebuena de nuestra infancia, al bullicio de la familia y a la alegría de compartir. Al hacer este turrón en casa, no solo estamos replicando una receta; estamos capturando un fragmento de nuestra historia personal y dándole un toque contemporáneo. Es la oportunidad de crear nuevos recuerdos para las generaciones venideras, enseñándoles que las mejores tradiciones son aquellas que podemos tocar, oler y, por supuesto, saborear desde el respeto a la materia prima.


En Cocina Joven defendemos que lo hecho en casa siempre tiene un valor añadido. No se trata solo del sabor, que es infinitamente más puro y auténtico, sino de la honestidad de los ingredientes. Cuando elaboras este turrón, tú tienes el control total. Sabes que el chocolate con leche que utilizas es de la mejor calidad, que el arroz inflado está en su punto justo de tostado y que la textura final será exactamente la que buscas. Es una reivindicación del sabor real, libre de los conservantes y estabilizantes que a veces saturan los productos industriales. Es, en esencia, devolverle al turrón su alma artesana.


La transparencia en la cocina es fundamental hoy en día. Al mirar la etiqueta de un turrón comercial, a menudo nos encontramos con una lista interminable de aditivos, aceites vegetales de baja calidad y saborizantes artificiales que enmascaran el verdadero gusto del cacao. Al optar por la vía artesanal, eliminamos todo lo innecesario. Nos quedamos con la esencia: la riqueza láctea del chocolate, el crujido honesto del cereal y la untuosidad de la grasa tradicional. Esta simplicidad es lo que permite que el paladar aprecie los matices reales y que la digestión sea mucho más ligera, permitiéndonos disfrutar del postre sin la pesadez que suelen dejar los productos ultraprocesados.


La magia de esta receta reside en su extrema sencillez. Con un tiempo de elaboración de apenas 10 minutos y una dificultad fácil, este turrón es el ejemplo perfecto de que la excelencia no siempre requiere complicaciones técnicas ni horas de esfuerzo. Es la receta ideal para quienes tienen una agenda apretada pero no quieren renunciar a ofrecer un postre gourmet y personal en sus cenas festivas. En lo que tardas en preparar un café, puedes tener lista una tableta de turrón que dejará a todos tus invitados con la boca abierta. Es eficiencia culinaria al servicio del placer.


Imagina la libertad que te otorga una receta de tan corta duración. En las fechas navideñas, el tiempo es el bien más escaso. Entre compras, preparativos de cenas y compromisos sociales, encontrar un hueco para la repostería parece imposible. Sin embargo, estos 10 minutos son una inversión mínima para un retorno emocional máximo. Es una técnica de "ensamblaje noble": no necesitamos termómetros de azúcar complejos ni técnicas de templado de chocolate que requieran años de práctica. Solo necesitamos ganas de disfrutar y el respeto por las proporciones para lograr un resultado que rivaliza con las mejores pastelerías.


El ingrediente estrella, el chocolate con leche, es el que define la personalidad de esta elaboración. Buscamos ese punto de fusión perfecto, esa textura sedosa que se funde en la lengua al primer contacto. Al elegir un chocolate de alta calidad, garantizamos que las notas de cacao y leche se equilibren, creando una base rica y reconfortante. Pero el verdadero secreto de la textura "Suchard" que tanto amamos reside en la manteca de cerdo. Este ingrediente, aunque a veces olvidado en la repostería moderna, es fundamental para conseguir esa untuosidad característica y ese punto de fusión que hace que el turrón no sea simplemente una tableta de chocolate dura, sino un bocado tierno y delicado que se deshace con elegancia.


La manteca de cerdo ha sido, históricamente, el pilar de la repostería tradicional española, especialmente en mantecados y polvorones. En el caso del turrón de chocolate, su función es técnica y sensorial: reduce el punto de solidificación del chocolate. Esto significa que, aunque el turrón esté firme a temperatura ambiente o en la nevera, en cuanto entra en contacto con el calor de la boca, se transforma en una crema instantánea. Es ese "efecto fundente" lo que diferencia a un turrón mediocre de uno extraordinario. Además, aporta una sutil profundidad de sabor que potencia los matices lácteos del chocolate, creando una redondez en boca que es difícil de explicar pero imposible de olvidar una vez que se prueba.


Y, por supuesto, no podemos olvidar el arroz inflado. Él es el responsable del contraste sensorial que hace que este turrón sea adictivo. Cada grano de arroz aporta una pequeña explosión crujiente que rompe la densidad del chocolate, creando un juego de texturas que invita a comer un trozo más. Es la armonía entre lo suave y lo crocante, entre lo denso y lo ligero. Al mezclarlo nosotros mismos, aseguramos que la distribución sea homogénea, para que no haya ni un solo bocado que carezca de ese crunch tan especial que define a este clásico de la repostería navideña.


El arroz inflado debe estar perfectamente seco y crujiente. Al integrarlo en la mezcla tibia de chocolate y manteca, se crea una simbiosis perfecta. El cereal queda encapsulado por el chocolate, protegiendo su estructura para que no se ablande con el paso de los días. Es importante manejarlo con suavidad durante la mezcla para no romper los granos, manteniendo así su volumen y su capacidad de sorprender al morder. Este componente no es solo un relleno; es el elemento lúdico de la receta, el que nos devuelve a la infancia con cada crujido y el que equilibra el dulzor del conjunto con su ligereza aérea.


El proceso de elaboración es casi un ritual de paciencia y mimo, a pesar de su rapidez. Desde el momento en que el chocolate empieza a derretirse en el microondas, liberando ese aroma dulce y profundo que inunda toda la casa, hasta el instante en que integramos la manteca líquida, cada paso es una promesa de felicidad. Verter el chocolate fundido sobre el arroz inflado y observar cómo cada grano queda perfectamente napado es un espectáculo visual que abre el apetito al instante. Los pequeños golpes del molde contra la mesa no son solo para asentar la mezcla; son el último gesto de cuidado para asegurar que no queden burbujas de aire y que la superficie quede lisa y brillante.


Esos "golpes" rítmicos contra la encimera son vitales. Sirven para que el chocolate penetre en cada recoveco del arroz inflado y para que la cara superior (que luego será la base) quede perfectamente plana. La física trabaja a nuestro favor en este momento. Al eliminar el aire, el turrón gana en densidad y durabilidad, evitando que se oxide por dentro y mejorando la experiencia del corte. Es un momento de concentración máxima donde el cocinero se asegura de que la estética de la tableta sea impecable, digna de ser presentada en cualquier mesa de gala.


Una de las mayores ventajas de esta receta de turrón casero es su capacidad para ser personalizada. Aunque el clásico chocolate con leche es el favorito de la mayoría, una vez que dominas la técnica, puedes experimentar con diferentes porcentajes de cacao o incluso añadir un toque de sal marina para realzar los sabores. Pero hay algo en la versión tradicional que nos hace volver una y otra vez: es el sabor de la infancia recuperado a través de nuestras propias manos. Es la satisfacción de desmoldar la tableta y ver ese color marrón intenso y brillante, sabiendo que el resultado es fruto de tu dedicación.


Podrías, por ejemplo, añadir una pizca de canela o ralladura de naranja para darle un toque mediterráneo, o incluso mezclar diferentes tipos de arroz inflado (como el chocolateado) para añadir capas de sabor. La cocina casera nos permite jugar, equivocarnos y, finalmente, dar con "nuestra" versión definitiva. Esa que la familia pedirá año tras año y que se convertirá en nuestra firma personal. La flexibilidad de esta base de chocolate y manteca es tan amplia que admite casi cualquier inclusión, desde frutos secos picados hasta trocitos de galleta, aunque hoy nos centramos en la pureza del crujiente de arroz que lo hizo famoso.


Visualmente, el Turrón Suchard casero es una joya. Cortado en dados o en láminas irregulares, muestra con orgullo su interior salpicado de arroz inflado, invitando a ser compartido en una sobremesa larga de risas y anécdotas. Es el acompañante perfecto para una copa de cava, un café recién hecho o simplemente para ser disfrutado como el capricho dulce de la tarde. Además, al ser una elaboración que se conserva perfectamente en la nevera, puedes prepararlo con días de antelación, quitándote estrés de encima en las fechas más señaladas.


La presentación en la bandeja de dulces es el acto final. El brillo del chocolate bien fundido refleja la luz de las velas navideñas, atrayendo las miradas de todos los comensales. Al cortarlo, el sonido seco del chocolate rompiéndose es la mejor música para los oídos de un anfitrión. Su estabilidad térmica es tal que aguanta perfectamente el calor de la mesa durante toda la cena, manteniendo su estructura pero recordándonos, en cada mordisco, que es una elaboración fresca, hecha hace apenas unas horas o días, lejos de la rigidez de los productos envasados meses atrás.


En definitiva, este turrón es una invitación a disfrutar de la cocina sin miedos. Es una prueba de que con tres ingredientes básicos y diez minutos de tu tiempo, puedes crear un producto que supera con creces las expectativas. En Cocina Joven, queremos que pierdas el miedo a las elaboraciones tradicionales y que descubras que tú también puedes ser el maestro turronero de tu familia. Este año, cuando pongas el turrón en la mesa, podrás decir con orgullo que es tuyo, que es casero y que está hecho con todo el cariño del mundo.


Fomentar la autonomía en la cocina es uno de nuestros pilares. A menudo, la industria nos ha hecho creer que ciertas elaboraciones son "imposibles" o que requieren maquinaria industrial. Este turrón desmitifica esa idea. Es la democratización de la repostería de alta gama. Al dominar esta receta, te das cuenta de que tienes el poder de replicar los sabores más queridos de tu vida, mejorándolos con ingredientes de proximidad y ajustándolos a tu paladar exacto. Es un empoderamiento que se traslada a otras áreas de la vida: si puedo hacer el mejor turrón de chocolate en diez minutos, ¿qué más puedo crear?


Hacer tu propio turrón es también una forma de sostenibilidad y consciencia. Al evitar los envases innecesarios y conocer el origen de tus materias primas, estás apostando por una forma de consumo más humano y cercano. Es un pequeño gesto que transforma la Navidad en algo más auténtico y especial. Porque al final, los mejores regalos no se compran, se cocinan. Y este Turrón Suchard casero es, sin duda, el mejor regalo que puedes hacerle a tu paladar y al de tus seres queridos.


La sostenibilidad no es solo una palabra de moda; en la cocina, se traduce en reducir la huella de carbono al comprar ingredientes a granel o en comercios locales, y en evitar el desperdicio. Una tableta de turrón hecha en casa no tiene envoltorios plásticos superfluos, ni cartones encerados difíciles de reciclar. Puedes envolverla en papel encerado reutilizable o presentarla directamente en una fuente de cristal. Es una Navidad más verde, más ética y, por extensión, mucho más satisfactoria. La ética del "hazlo tú mismo" (DIY) nos conecta con la tierra y con el valor real del trabajo manual, algo que se pierde en las cadenas de montaje automatizadas.


Prepárate para sentir el aroma del cacao, el brillo de la manteca fundida y el sonido inconfundible del arroz inflado al mezclarse. La cocina te está esperando para crear un recuerdo nuevo sobre una tradición de siempre. Es hora de encender el microondas, preparar el molde y dejarse llevar por la pasión del chocolate. Porque la Navidad sabe mucho mejor cuando la cocinas tú mismo.


Este proceso es casi terapéutico. En el caos de las celebraciones, encontrar esos diez minutos para concentrarte únicamente en el flujo del chocolate y el sonido del arroz inflado es un remanso de paz. Es un momento para ti, para conectar con tus sentidos y para canalizar tu creatividad. El resultado no es solo un dulce; es una manifestación física de tu intención de cuidar y mimar a quienes se sientan a tu mesa. Cada tableta es un mensaje de afecto, una pequeña obra de arte efímera que desaparece en segundos pero que deja un poso de felicidad duradero.


Finalmente, piensa en el ahorro que supone para tu bolsillo sin sacrificar ni un ápice de lujo. Los turrones de marca blanca suelen ser decepcionantes, y los de gama alta tienen precios prohibitivos. Al hacer tu propio Turrón Suchard casero, obtienes una calidad superior a la de la alta gama por una fracción del precio. Es una forma inteligente de gestionar la economía doméstica durante las fiestas, permitiéndote invertir ese ahorro en otros ingredientes especiales o, simplemente, en disfrutar de más momentos de calidad con los tuyos. La inteligencia financiera y la excelencia culinaria se dan la mano en esta receta infalible.


No dejes que pase otro año sin probar esta experiencia. Deja que tu cocina se convierta en una pequeña fábrica de sueños de chocolate. Invita a los más pequeños de la casa a ayudarte; deja que ellos viertan el arroz inflado o que den los golpecitos al molde. Involucrar a la familia en la preparación de los dulces navideños es crear un legado de conocimientos y risas que perdurará mucho más que el propio turrón. Es, al fin y al cabo, de lo que trata la Navidad: de estar juntos, de crear y de disfrutar de las cosas sencillas que, bien hechas, se convierten en extraordinarias.


¿Listo para probarla? 👇 Todas las recetas incluyen su información nutricional al final, para que disfrutes conociendo lo que comes.



INGREDIENTES:


· 200g Chocolate con leche

· 30g Arroz inflado

· 25g Manteca de cerdo



ELABORACIÓN


*Si NO tienes moldes de turrón, aquí te dejo mis dos modelos preferidos y los que uso:


1- Empieza derritiendo el chocolate con leche en el microondas en intervalos de 30s en un recipiente apto para ello.


2- Al sacarlo derrite también la manteca de cerdo hasta que quede totalmente líquida.


3- Ahora echa en un recipiente el chocolate fundido y la manteca de cerdo, y añade el arroz inflado. Lo integras todo bien y lo pasas a tu molde de turrón, extiendes, das unos golpes con el molde contra la mesa y lo llevas a la nevera hasta que endurezca.

Ya podemos disfrutar de nuestro:



INFORMACIÓN NUTRICIONAL:

Por 100g

  • Calorías: 545 kcal

  • Proteínas: 6,4 g

  • Grasas: 34,8 g

  • Carbohidratos: 49,6 g



VIDEO RECETA:




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